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 Periodismo de mano en mano y Visor de Transparencia

 

 

 

 

 

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El Chupacabras de Calderón

Eduardo Martínez Benavente

Mayo 3, 2009.

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Desde el terremoto de 1985 que pegó con furia a la Ciudad de México, nunca, en los tiempos modernos había ocurrido otro suceso que acaparara la atención de los medios de comunicación de manera tan abrumadora como el tema de la epidemia de influenza porcina, con la que en los últimos días se han infectado algunas cuantas personas en el país. Ni las inundaciones de Villahermosa de octubre de 2007, ni el huracán “Wilma” que destruyó la zona hotelera de Cancún en el 2005 habían sido difundidos con tanta vehemencia como esta enfermedad. Pareciera que con esta crisis, que se anuncia ad nauseam, una y otra vez como única noticia, todos nuestros demás problemas hubieran desaparecido, empezando por el desempleo y la inseguridad. Si en verdad le preocupara tanto al gobierno el hacinamiento de personas, si fuera cierto que la enfermedad se puede propagar incontrolablemente, la primer medida que se hubiere tomado, antes de prohibir que unos cuantos comensales concurran a un restaurante semivacío, sería la de suspender el servicio de transporte público del Metro, en la que sus usuarios, como sardinas enlatadas, viajan expuestas a todo tipo de contactos y contagios. Si en verdad fuera tan peligrosa la enfermedad, muchos de los más de 265 mil indígenas que viven en el Estado, la mayoría desnutridos, seguramente que estarían ya contagiados por el virus. Sin embargo, no se ha reportado un solo caso. Además, está comprobada la efectividad, casi milagrosa, del medicamento denominado Oseltamivir, que si se toma oportunamente, en unos cuantos días, cura la enfermedad, y que el gobierno distribuye gratuitamente a todas las personas que pueden estar infectadas, así como a los que hayan estado en contacto con éstas.

Durante el gobierno de Ernesto Zedillo también quisieron distraernos de nuestros verdaderos problemas con el cuento del “chupacabras”, aquel que como éste, también causó pánico y descontrol en un sector de la población. El 1 de mayo de 1996, en plena crisis económica, tan profunda como la que ahora padecemos, un reportaje en un programa de noticias de un canal de televisión alertó a la población sobre el creciente número de mutilaciones de animales en los campos de Jalisco, Sinaloa y Veracruz. Las primeras especulaciones hablaban de una nueva especie de murciélago gigante de metro y medio de tamaño y un peso de unos 9 kilogramos que podría haber inmigrado procedente de sudamérica. Mientras, las historias corrían gracias a una prensa sensacionalista y a una ciudadanía estúpidamente receptiva y creyente como la de ahora, el miedo se iba extendiendo y las economías locales percibían los efectos de la poca predisposición de los consumidores de salir de sus hogares. Las noticias de que seres humanos habían sido atacados por el “chupacabras” encendieron mucho más los ánimos y se difundieron por todo el territorio de la República como un acontecimiento que debía preocuparnos. Mucha gente dejó de centrar su principal atención en su precario poder adquisitivo.

Creo que el tema de la gripe porcina es un problema de salud pública al que hay que prestarle la atención debida, pero de ninguna manera con las exageraciones y miedos con las que el gobierno lo ha manejado. Si no fuera por las advertencias de la Organización Mundial de la Salud, estoy seguro que muchos mexicanos creeríamos que ésta es una más de esas gripas que puede complicarse si no se atiende. Tan es una exageración, que el vocero de la OMS ya reconoció que se trata de una epidemia “leve”, para no decir benigna, que no crece exponencialmente porque existe una medicina que cura fácilmente la enfermedad. En realidad el número de victimas reconocidas oficialmente ha sido insignificante para el ruido que se le ha hecho a la enfermedad. Hasta se percibe cierta frustración de los medios de comunicación porque el número confirmado de personas contagiadas y muertas por el virus de la gripa no aumenta, es mínimo. Sin embargo, el daño económico que ha provocado su escandalosa difusión es incalculable, sus estragos se sentirán por mucho tiempo en nuestras finanzas, el desempleo alcanzará niveles que desconocemos, y en muchos países seremos rechazados y apartados como gente apestada. Pasará mucho tiempo para que el turismo extranjero regrese a México. Todo esto por las exageraciones y juegos de los políticos.

Para los lectores que desconocen la historia de México es importante que se enteren de las dimensiones dantescas que alcanzaron entre la población, principalmente indígena, algunas de las epidemias que ocurrieron durante la colonia, cuyas consecuencias fueron dramáticas. La causa inicial del comercio negrero en la América española de esa época deriva de la desaparición de la mano de obra indígena que a consecuencia de las enfermedades se redujo en un momento de 9 millones a menos de 500 mil indios. Esas si que eran epidemias. Las primeras observaciones sanitarias que se hicieron determinaron que las enfermedades infecciosas afectaban de modo distinto a los indígenas que a los españoles. La irrupción europea alteró el equilibrio existente. Se propagaron infecciones para las que los indios carecían de defensas y así desparecieron poblaciones enteras.

Es evidente que el gobierno de Felipe Calderón intenta capitalizar políticamente el miedo de los ciudadanos a contagiarse de este virus, por lo que veremos en unos días más el anuncio de que todo está bajo control y que gracias a las oportunas medidas que se tomaron la contingencia ha sido superada. Muchos mexicanos se lo agradecerán y su gratitud se verá reflejada en los resultados electorales del próximo 6 de julio; y habrá quienes acepten resignados que la crisis económica y el desempleo son consecuencia de factores ajenos a las malas políticas del gobierno. Por lo pronto, El Colegio de la Profesión Médica del Estado de San Luís Potosí, que agrupa a todas las asociaciones y colegios de médicos de la entidad, en un desplegado que publicaron el pasado 30 de abril, manifiestan su indignación por el oportunismo de algunos candidatos que pretenden lucrar con la emergencia sanitaria, y les advierten que la misma población se los reprobará.

 

VISOR DE TRANSPARENCIA

  

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Lista obtenida a través de solicitudes de información

 

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